reconoce sus orígenes

Fotografía: Ángela Vaquez Vivanco para

Culpar a la víctima: Sobre los artículos de Dany Tsukamoto

Publicado: 2013-01-27

Dany Tsukamoto, en dos columnas publicadas en Diario 16 (los domingos 20 y 27 de enero), condensa de forma magistral diversas ideas de sentido común, profundamente arraigadas en una cultura machista. En esta, para decirlo de forma simple, se celebra o permite la agresividad masculina, culpando a las mujeres de las agresiones sufridas por sus pares masculinos.

Tsukamoto trata sobre el acoso sexual callejero: prácticas violentas como el lenguaje sexual agresivo, proposiciones sexuales y tocamientos que reciben cotidianamente las mujeres en las callesde parte de desconocidos. Desde la pubertad.

En relación a la ropa que usan las mujeres y las agresiones que sufren en las calles,Tsukamoto sostiene que “a uno lo tratan como lo ven” y “no sólo no hay que no ser(lo), sino no parecer(lo)”. Cae así en un sentido común terrible y peligroso: desplazar la culpa del agresor hacia un pedazo de tela. En última instancia, hacia las mujeres.

Desconoce además que diariamente las mujeres somos hostigadas en las calles por extraños, vistamos uniforme de colegio o ropa deportiva, seamos púberes o adultas. Desconoce también que en Egipto e India, ejemplos de lugares donde las mujeres suelen cubrirse mucho, el acoso callejero es reconocido como un problema social y hay sanciones legales para dichos casos.

Sin embargo, Tsukamoto prefiere culpar a las víctimas por las agresiones  recibidas. Esto es similar a la lamentable práctica, que por mucho tiempo se ha visto en nuestros países, que hace la policía cuando una mujer acude a denunciar una violación: preguntar “¿cómo estabas vestida?”.

Existe además en sus artículos una visión idealizada de los encuentros callejeros. Habla de parejas que se formaron gracias a que un hombre le dijo algo a una desconocida en la calle, como si la experiencia promedio de las mujeres que reciben comentarios en las calles fueran las de una comedia romántica.

En las páginas de Paremos el acoso callejero y el colectivo P.U.TA.S., a las que Tsukamoto ataca en sus columnas, se pueden leer casos de violencia callejera que las mujeres que experimentan con miedo y asco. Se aprecia el impacto que ha causado en ellas: prefieren no salir de noche a la calle o salir acompañadas, se cambian la ropa para no llamar la atención, cambian sus rutas para evitar zonas donde hay grupos de hombres. Peor aún, hay casos de mujeres que, cuando pidieron ayuda a un policía o serenazgo, solo recibieron burlas y más “halagos”.

Finalmente, Tsukamoto miente. Hace afirmaciones falsas y citas inadecuadas. Dice por ejemplo que nuestros colectivos quieren “eliminar las miradas”. ¿Por qué esta mentira, aparentemente tonta, merece mi atención? Porque es la clásica estrategia de los malos periodistas cuando quieren desinformar y generar antipatías contra alguna organización: tergiversar su discurso y radicalizar sus posiciones.

Por todo ello, exigimos al director de Diario16 tomar cartas en el asunto y pronunciarse al respecto. La libertad de opinión en ningún caso puede ser pretexto para la desinformación masiva, mucho menos en lo referido a una lacra social como es la violencia contra las mujeres. El enfoque de Tsukamoto justifica, quizá sin saberlo, estos actos. Así el suyo sea un artículo de opinión, el poder e influencia que tienen los medios de comunicación en la formación de la opinión públicaimplica, para quienes tienen acceso a ella, una gran responsabilidad.


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